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La batalla contra los pesimistas y su afán por ver el vaso medio vacío

Las malas experiencias podrían condicionar nuestras expectativas en el futuro. Sin embargo, estudios señalan que si conserva el optimismo, tendrá buena salud.

Una perdida monetaria es más dolorosa que una ganancia equivalente en magnitud. Una única pésima recomendación sobre un restaurante que encontremos en redes social borra la impresión que nos pueden causar muchas buenas recomendaciones y una frase ofensiva de nuestra pareja en medio de una acalorada discusión nos puede hacer olvidar decenas de instantes memorables a su lado.

Las malas experiencias nos producen efectos más prolongados, multifacéticos y duraderos en contraste con las buenas, por lo que una impresión desafortunada suele dejar de lado una buena.

 

¿Optimismo vs. Pesimismo?

El optimismo y el pesimismo tienen que ver con nuestras expectativas sobre futuros sucesos, lo que se relaciona con nuestra motivación. Al esperar los optimistas buenos acontecimientos será más propenso a experimentar una mezcla de sentimientos positivos. Y al esperar los pesimistas malos acontecimientos, será más probable que experimenten sentimientos negativos, como ansiedad, tristeza y desesperación.

 

El poder de lo malo

En su reciente libro “The Power of Bad”, el sicólogo social Roy Baumeister estudia el efecto de los acontecimientos negativos en nuestras vidas, sosteniendo que el sesgo de lo negativo nos brinda una visión retorcida del mundo y nos causa muchísimo estrés.

El sesgo de lo negativo en nuestro cerebro es producto de nuestra evolución, pues mantuvo alerta al hombre cavernícola y nómada ante peligros fatales; sin embargo, distorsionan nuestra visión de la realidad, como sucede con las malas noticias que leemos continuamente en redes sociales.

 

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